por Adrián Tigen
Experiencia en Nashville
Llegar a Nashville, para un músico country, es como ofrecerle a un chico vía libre para entrar a una juguetería y tomar de allí todo lo que quiera durante varios días. Seguramente, cualquier pibe no sabría si disparar para las consolas de Wi, los juegos de la play3, o cualquier otro interés que escapa a mi conocimiento… Por lo menos, así me sentí yo cuando llegué a la Broadway Av. sin saber hacia dónde ir primero, si a Tootsies, al Country Music Hall of Fame, al Ryman…
Todos los bares country de la Broadway Av. cuentan con artistas de primerísimo nivel tocando continuamente desde la mañana hasta entrada la noche, ofreciendo shows que, a veces, por la cotidianeidad de las presentaciones, hacen parecer cosa fácil la tremenda calidad de sus performances. Artistas inmensos en bares pequeños, es la propuesta para ese hermoso sector de Nashville.
Escuchando bandas de bar en bar, paré en Crossroads y di con un artista llamado Buck McCoy. Aproveché el silencio sobre el final de un tema para pedir algo de Brad Paisley –artista que no está entre lo más elegidos a la hora de los covers- y me dijo que ellos tocaban un tema sólo si yo lo subía cantar. Así tuve la oportunidad de cantar en Nashville “The Fishing song” y seguido “Johnny B. Good”. Más que agradecido a Buck por su generosidad, me bajé del escenario feliz, para seguir recorriendo bares y disfrutando del buen country que la ciudad ofrece.
Otra experiencia inolvidable fue la de haber asistido a un concierto de Bluegrass en el Ryman: Dailey & Vincent. La perfección del bluegrass encarnada por estos dos artistas acompañados por una increíble banda de músicos que estremecen con una solemne armonización de las voces y una impecable ejecución de banjos, mandolinas, violines y guitarras acústicas.
Detalles del encuentro con Brad:
Después de finalizado el show, algunos fans tuvimos el privilegio de poder dirigirnos al backstage para intercambiar algunas palabras con Brad y tomarnos una foto.
Después de unos 30 minutos de espera, finalmente me tocó el turno: mi primera reacción al verlo de frente fue dejarme caer –literalmente- al piso; allí estuve unos segundos hasta que me recuperé del impacto, y mientras me levantaba, Brad se me acercó, me extendió la mano y me dijo entre sonrisas: “It´s nice to me you too!”.
Después de intentar fallidamente algunas palabras que había preparado, pude soltarme e intercambiar ideas sobre la música que amamos. Le regalé mi disco solista a modo de devolución simbólica por todo lo que –siento- él me ha regalado a través de su música y sus discos. Brad, una de las personas más gentiles y respetuosas que conocí, no hizo más que aceptar mi disco, preguntarme algunos pocos detalles sobre la realización, para después decirme “Oh, Adrián, I can´t wait to hear it. We are going to listen to it and then we´ll write you back. Thank you, very much”, y con toda espontaneidad me dijo que quería sostener mi álbum para la foto, y así lo hizo.
El condimento de ridiculez del encuentro lo puse yo al preguntarle si podía darle un abrazo, después de haberlo hecho dos veces, previamente y de prepo!
Por supuesto, hubo muchas cosas que olvidé decirle, y otras que hubiera querido preguntarle, pero está bien así. No sólo le debo su música, sus letras, su arte: Brad me regaló el día más feliz de mi vida, lejos.
Apreciaciones sobre cada show en el First Midwest Bank Amphithriatre de Tinley Park
La jornada del recital se dividió en tres shows: primero, Justin Moore, que salió puntualmente a las 19.30hs para rockear de movida a un público que comenzaba a copar el First Midwest Bank Amphithriatre de Tinley Park, Chicago -digo rockear porque, sin dudas, se trata de una formación rockera con bases sólidas, distinguida con un cantante que dota de country a cada tema-.
Una hora más tarde, salió al escenario Darius Rucker, con un sonido algo más cristalino que el de Justin Moore para pasearse con soltura por bases que lindan entre el country, el soul, el funky y el pop. Lo mejor de su show, sin dudas, el cierre, con una versión demoledora de “Purple rain”, el conocido hit de Prince.
Así, quedó allanado el camino para que Brad Paisley salga a las 21.30hs para volver loca a una multitud de hombres y mujeres, niños, jóvenes, adultos y ancianos, enloquecida ante un artista que, no sólo es un verdadero genio de la guitarra y el canto, sino que también tiene un dominio escénico inusitado. Mención aparte merece el increíble apoyo visual del concierto, con videos especialmente preparados para cada uno de los temas, que pueden llevar a emocionar hasta las lágrimas o a reír a carcajadas (el mismo Brad suele tentarse, más de una vez, en medio de cualquier tema, ante lo que ve en la enorme pantalla). Puedo asegurarles que ni Kiss, con su inigualable circo de efectos visuales y escénicos, ha alcanzado alguna vez semejante espectáculo; aunque, por supuesto, eso va en gustos.
Por mi parte, no me queda más que decir que presencié el mejor recital de mi vida, a todo nivel. Y aunque, tal vez, mi opinión no sea la más autorizada para hacer este tipo de afirmaciones –me cuesta mucho perfilar objetividad con este artista-, sin dudas se trata de un show monstruoso con todos los condimentos para enamorar a cualquier fan de la música nos convoca.
Espero no haberlos aburrido con estas crónicas (tengo tanto para escribir que me resulta difícil recortar, discúlpenme). Desde ya, les agradezco mucho la posibilidad de compartir mis vivencias con ustedes; en definitiva, es lo que permite comenzar a dar cierre a este tipo experiencias, sobre todo, cuando se trata de sensaciones tan intensamente vividas.
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Escrito el 22/07/2010 20:27:50 Hs. en Crónicas
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